Tomino

Tomino

martes, 21 de julio de 2015

¿Por qué concebir a la locura en un sentido psiquiátrico es obturar al sujeto?





Si hay algo que insiste en mis escritos es el problema del sujeto. ¿Es acaso una extravagancia de mi parte usar conceptos que no se adhieren a la comprensión común? ¿Será que su único uso es un ensimismamiento en el cual me siento confortablemente seguro? Lo sería si y sólo si, el sujeto se redujese a la simpleza de una psicología, que llamaría institucional, cuya labor, por estructura, se sostiene en creencias que no han sido suficientemente puestas a revisión. Una de ellas, diremos, es que el lenguaje sirve para comunicarnos. De eso a creer en lo que llaman una “psicología educativa”, no hay más que un paso. Por consiguiente se empieza a vislumbrar por qué enfatizamos tanto el léxico psicoanalítico: lo inconsciente, ¿se educa? ¿Se adiestra? ¿Se cura? Y si el sujeto es sujeto del inconsciente, ¿cuál es su estatuto? Concédasenos que sea el de una letra, pero tachada: $. Es así como lo propone Jacques Lacan, autor que, siguiendo la pluma de Freud, propuso una subversión del sujeto. Al tratar a toda costa de devolverle su dignidad al psicoanálisis, Lacan puso de manifiesto el hecho de que nuestro modo de abordar lo psíquico es diferente a como lo hace la psicología clínica, súbdita de la psiquiatría. Con este preámbulo, se perfila por qué le he prestado interés. 

No nos es ajena la fascinación que el trabajo de clasificación del psiquiatra genera en el BM, y creo que más todavía en el DSBM o en el shoegaze/contintesblack/etc. Aludir a trastornos mentales en las canciones, en las imágenes, es llamativo, y para decirlo quizá con hosquedad: en una sociedad de consumo, vende. Pero, ¿a qué se debe esta atracción que dichos temas ocasionan? Tan sólo echemos un vistazo al cine y el clásico drama trágico del personaje que descubre que siempre estuvo loco (o muerto, que en este caso tiene el mismo sentido), alucinando, viviendo una realidad falseada, llegará a la orden del día. Aunque hay películas que su propia lógica obliga a la ambigüedad: piénsese en Shutter Island de Martin Scorsese, así como podemos pensar que Di Caprio estaba loco, automáticamente la segunda lectura es igual de pertinente: ¿Y si, efectivamente, su locura fue inducida por los mismos médicos? Ante esto, uno puede anticipar el nombre de M. Foucault en el asunto. Su obra se enfocó en no dar nada por inmutable, esencial, predestinado, sino analizar las condiciones discursivas y de poder que permiten la emergencia de ciertas epistemes, con sus respectivos objetos, pongamos el caso que aquí compete: la relación psiquiatría y locura. 

La anormalidad tiene que ser construida, configurada, para dar lugar a una normalidad supuesta. La histérica en algún momento fue la bruja, el esquizofrénico en algún momento el poseído. Ahora bien, a lo que Shutter Island nos mueve no es a optar por una de las dos lecturas posibles, sino a poner en entredicho que haya una lectura correcta. El gato de Schrodinger puede estar vivo o puede estar muerto, ¿qué más da? La clave aquí es que siempre queda el factor de que el delirio puede atinar a la realidad, aspecto que también es recurrente en las historias: el protagonista está viendo fenómenos paranormales reales y lo toman por loco, lo encierran, etc. Lo que tiene efectos en esos dramas es que justamente la locura contiene verdad. Muestran la relación tensional entre realidad y fantasía, en la cual cualquier participante se relaciona con la verdad ahora pensada como lugar. No haremos aquí distinciones técnicas precisas entre psicosis y locura, aunque las haya. Un psicótico, cuando escucha voces, las escucha, no hay ningún momento de titubeo en el cual diga “¿y si estoy alucinando?”. Es decir que lo que diferencia a una neurosis de una psicosis no es un conjunto de fenómenos observables y cuantificables detectados y clasificados por el médico o el psicólogo, sino una auténtica postura epistémica, o para decirlo en tono psicoanalítico: epistemofílica. Y en ese sentido, es una posición de sujeto. El psicótico no duda, no hay distancia posible con el objeto, dígase para seguir con el ejemplo, el objeto-voz: las voces que escucha son reales. En efecto, el loco no sabe que está loco, pero sí sabe quiénes le tienen miedo y, a diferencia de lo que muchos creen, sí puede mentir. De este modo, el asunto se complica, porque bien puedo decir, con un ademán paradojal: “La única diferencia entre un loco y yo, es que yo no estoy loco”. El efecto de temor mezclado con admiración que el loco puede inspirar, ¿no es acaso eso que Freud llamó lo Umheimlich, lo ominoso, y que Lacan continuará con un neologismo: lo éxtimo? Es algo tan extremadamente íntimo, que se convierte en exterior, pues la locura –lo diré así- es el núcleo de nuestra estructura psíquica. Se entiende por qué la locura vende, incluso, si nos remitimos líneas más arriba, se entiende por qué el satanismo vende. Pero, ¿qué atención le presta a esto aquel que, manual bajo el hombro, diagnostica a diestra y siniestra? En su posición de saber, dictamina quién se escapa de la norma, sin negar la importancia de esta función a nivel de la estabilidad social, pero sin dejar de señalar que un trastorno mental no es el sujeto. El sujeto, como aparece en el matema de Lacan, $, está dividido, lo cual significa, entre otras cosas, que no tiene una esencia. 

Con esto se explica por qué he dicho que la psiquiatría/psicología homogeneiza, y de esa manera, obtura al sujeto. Por eso Chaoswolf concibe a la locura, a la melancolía, a la manía, a la angustia, como algo muy distinto a como lo entiende esa ideología psiquiátrica que tanto incide –la mayor parte del tiempo sin notarlo- en el sentido común de las personas. ¿Y no son acaso muchas de esas bandas que hablan por moda de enfermedad mental un homenaje al triunfo del psiquiatra sobre la subjetividad? Lo dejo al aire. 

-Chaoswolf 

jueves, 23 de abril de 2015

Un arte proveniente del envenenamiento de las musas por la palabra y el vacío








Antes de comenzar considero oportuno aclarar ciertas cuestiones. Este escrito ya pertenece a lo que podemos llamar el Orgenlatém II, el cual es inaugurado a partir del dictado de los postulados fundamentales del BM, dicho escrito no es otra cosa que la conclusión -de manera quizá muy general- del primer Orgenlatém. Podría decirse incluso que el Orgenlatém es una desviación, una perversión si quieren, al tomar al BM como objeto de nuestro cuestionamiento al mismo tiempo que como medio para que se articulen ciertas reflexiones. Freud decía que los poetas van un paso adelante que el psicoanálisis, esto quiere decir que lo que podemos llamar formaciones culturales tienen un carácter precipitado con relación a un saber sobre lo inconsciente, lo cual no deja de ser un gesto metodológico por parte de Freud. Pero hay que tomar en consideración lo siguiente: no se trata de aplicar el psicoanálisis como una especie de manto que se extiende sobre el arte, la religión, la política, etc., sino, más bien, la alteridad, cualquiera que sea su nombre en dado caso, va a permitir a nuestro discurso proponer una lectura diferente, que apunte, claro está, en la dirección sujeto; y sujeto es, del inconsciente. Ahora bien, el BM será mi pre-texto, el cual me ayuda a pensar, factor por el cual creo que le tomo interés. Los movimientos teóricos que ejerzo -a veces sin advertirlo- en estos escritos son aplicables a diversos ámbitos del pensamiento. Aparte de esto, el Orgenlatém tiene una finalidad que bien podemos llamar inherente, la cual tiene que ver con el público en específico al que me dirijo y con los efectos que puedo causar en él, esto impide al mismo tiempo hacer de mi escritura algo puramente teórico-técnico, pues no hay que olvidar que el Orgenlatém es una parte de la totalidad del proyecto Chaoswolf. Si bien en todo momento me sirvo de vocablos que a la mayoría podrán parecer ininteligibles de suyo, acaban siendo aclarados aun en sentido negativo (como entender cierto concepto por lo que no es), por ello creo, en lo sucesivo, que el Orgenlatém es difícil en su mayoría, pero que al final del texto habrás captado lo esencial, aunque eso no excluya la posibilidad de haber entendido todo mal. 

El gesto freudiano ya mencionado, ¿no es acaso también quitar el acento de los objetos que el discurso científico ha privilegiado? Y al hacer esto, hay dos posibilidades: que esos objetos se abran como campo para la reflexión científica, o que se construyan objetos muy particulares que no puedan ser abordados plenamente por ella. Freud buscaba ambas cosas, pues Freud creía que el psicoanálisis podía ser ciencia, pero no nos desviemos, nosotros enfatizaremos el segundo caso. El BM es el objeto que nosotros construimos, lo cual no significa que el BM es lo que cualquiera crea que es, si afirmo esto, caigo en un relativismo radical, el cual, obiter dictum, es la carta favorita y siempre jugada por quienes quieren desvalorizar a otros que piensan más y mejor que ellos, o que simplemente piensan, y recurren a tan mediocre grito de ahogado. 

Como no estoy haciendo metafísica, mi pregunta no es ¿qué es el BM? Mis textos apuntan a responder qué se ha entendido por BM y cómo poder pensarlo de otra manera, ¿con qué finalidad? Abrir espacio de posibilidad allí donde detecto una –a veces no tan clara- ofuscante homogeneidad, líneas trazadas con fuerza que guían la conducta vial y someten al pensamiento. Si quiero hacerle honor a mi nombre, Chaoswolf, no me puedo suspender de esa labor, que sí, es caoísta por todos lados. 

En el escrito pasado dejé sobre la mesa el asunto de la estética. Ahora lo retomo. Esto sugiere preguntarnos que pareciera simple: ¿el BM es arte? Con un sí o un no “subjetivos” y asunto arreglado. Saben que ese no es mi modo de proceder. Por el lado del BM la complejidad ya está más que señalada, centrémonos en el arte. ¿Qué es arte? O mejor dicho: ¿cómo discernir el arte de lo que no lo es? Podemos hacer un justo ademán aristotélico y decir “arte se dice en muchos sentidos”.¿Lo pensaríamos como una estipulación social? ¿Como un modo de expresión delimitado por cánones universales? ¿Un quehacer cuya condición es una embriaguez de la voluntad de poder nietzscheana? O, quizá: ¿Un modo de hablar que apunta a decir aquello a lo que en el habla cotidiana no accedemos? Como bien se dan cuenta, el asunto no es en absoluto sencillo y me dispenso de abordar tantas problemáticas en tan pocas líneas, pero a veces hay que dar pasos agigantados, si no queremos que esto se extienda al infinito.

Podríamos abordar el tema del arte desde el psicoanálisis, ¿se trataría entonces de una sublimación? Para Freud, sí. En sentido freudiano se trataría de una de las vicisitudes de la pulsión, encaminar su ímpetu hacia la creación, contemplación, investigación, etc. de objetos con un valor cultural positivo (este movimiento implica que la pulsión de un modo u otro, siempre se satisface), en Lacan, en cambio, se trataría de “elevar el objeto a la dignidad de la Cosa”, ¿a qué se refiere con esto? Lacan estará poniendo literalmente el acento en la palabra sublimación, hacer sublime; es decir, en vez de enfocarse en la sustitución o en la metáfora, habla de una una elevación del objeto en su imposible (la Cosa), lo cual puede ser leído como dimensionar un nivel de objeto que trasciende el plano empírico, el dominio del objeto a. La sublimación, cuyo paradigma es el arte, tendría que ver con hacer aparecer al objeto a. No ahondaremos demasiado en una sola concepción. Lo que hasta aquí queremos resaltar es que el asunto del arte compete una pregunta por una tan siempre problemática relación sujeto-objeto. 

La estética se encarga de pensar la sensibilidad (por más aporético que suene), el arte, la experiencia sensible, el juicio estético, y al sujeto que está inmerso en todo esto. El tema del arte aparece ligado a la noción de belleza; sin embargo, no se reduce a ella. El objeto del arte no tiene que ser necesariamente bello o producir la idea de belleza en los sujetos. Aunque los trabajos acerca de la belleza nos dicen algo importante. Francis Hutcheson, es considerado por algunos como el primer esteta, ya que antes de la modernidad no se consideraba tal cual una disciplina. Hutcheson planteará que tenemos un sentido interno, una capacidad innata para producir la idea de belleza en nosotros. La diferencia con Platón será que la idea de belleza ya no se encuentra allá lejos, en el Topos Uranos, sino que está en la mente. Sabemos que uno de los más grandes inventos de la modernidad fue, justamente, la mente. Bien, para este autor la belleza es una idea abstracta que produce un placer duradero y que no es sensible en el sentido corporal, sino en un sentido mental (por ello la noción de sentido interno). Un teorema matemático, por ejemplo, no se remite a ningún objeto sensible y produce un placer estético, al igual que una composición de música clásica (después de escucharla, claro está). En conclusión, la investigación de la belleza supone una relación sujeto-objeto, ya que los objetos por sí mismos, en tanto empíricos, pueden variar sus características, pasar de una forma a otra (un cuadro de Da Vinci volverse cenizas, etc.), del mismo modo, el sujeto puede estar permeado de prejuicios o de elementos que perturben el surgimiento de la idea de belleza; no obstante, dicha idea es única y común a todos los sujetos. Lo que rescatamos de esto es que los objetos no son bellos en sí mismos (aunque algunos puedan ser más proclives que otros a la belleza), sino en tanto se relacionan con un sujeto. Con un sujeto que puede ejercer, de hecho, un onanismo con su puro pensamiento; sin necesidad de remitirse a objeto empírico alguno (la lógica nos nuestra ese camino). 

Ahora bien, subjetividad no es, para nosotros, la mente o el alma, es más bien un efecto. El tránsito histórico de las ideas localizadas en un mundo alterno, hacia las ideas como contenidos mentales, nos sirve de guía para entrever que el sujeto no tiene un lugar claro y definido, la suposición de que es una interioridad queda cuestionada incluso en el hecho de que una idea de belleza –siguiendo a Hutcheson- es sensible y al mismo tiempo abstracta; es decir, tiene la característica de una sensación básica, es inmediata, pero está mediada por una porción de entendimiento. Al mismo tiempo, su origen es subjetivo y objetivo a la vez. Aquí queda demostrada la dificultad de situar al sujeto como lo interno y al objeto como lo externo, por lo cual la belleza no está ni en las cosas, ni tampoco en la actividad consciente de quien las contempla, sino que oscila en esa relación imposible entre el sujeto y el objeto, la belleza es entonces fantasmática, su percepción está posibilitada por el inconsciente en tanto condición de posibilidad de las condiciones de posibilidad (que la subjetividad trascendental kantiana, por ejemplo). Más allá de la categoría de belleza, concluimos que la relación con la obra de arte es fantasmática, es decir, inconsciente. 

El problema del arte en la modernidad no era tan complicado, había más o menos un consenso sobre lo que es arte y lo que es simple cultura vulgar, pero ¿qué pasa hoy en día? En nuestra época... ¿la posmodernidad? Este último es un término que nos viene del campo del arte, de la arquitectura para ser exactos. Un filósofo que trabaja este asunto es Jean Francois Lyotard. Si seguimos su lectura diremos que la posmodernidad es, en primer lugar, un momento de la modernidad (y no la superación, por lo cual el prefijo "post" es cuestionable). A la pregunta de qué es lo posmoderno, Lyotard responde: “Con seguridad, forma parte de lo moderno”, y más adelante, “Posmoderno será comprender según la paradoja del futuro (post) anterior (modo)”. Es decir, lo posmoderno habrá sido moderno. Lacan también utiliza esta figura del futuro anterior para hablar del sujeto: “El sujeto en cada etapa se convierte en lo que era como antes y no se anuncia: habrá sido, sino en el futuro anterior”. ¿Qué nos dicen estas extrañas formulaciones? Muchas cosas, pero entre ellas resalto una: rompen con una visión lineal de la historia1 (sea de Occidente, sea del sujeto, que bien sabemos, no habría sujeto sin Occidente, lo cual no necesariamente tiene que ser etnocéntrico, pero ese es otro asunto). 

De este modo, para trabajar el arte, ¿podríamos privilegiar la concepción de cierta época? Si habría que incluso escribir “medieval” con comillas, resaltando el hecho de que llamarle así es como decir que vamos avanzando, que la modernidad es la adultez de Europa y del mundo, como lo pretendieron muchos. Luego con cosas como las guerras del Siglo XX hubo un desencanto, por no decir profunda decepción. Pero el desencanto es también una de las características de la modernidad, junto con la secularización, la creación de un sujeto, entre otras cosas. (ese sujeto es el cogito cartesiano). Algunas características de la condición posmoderna, como la llama Lyotard (ya que no es una época propiamente), es lo que él llama la caída de los grandes relatos. Estos tienen que ver con una visión teleológica o universalista de la historia. En el plano de la verdad, se refleja en el relativismo del que ya formamos parte, queramos o no. Hay desapego a la verdad concebida en un tono metafísico. Las verdades son construcciones sociales y lingüísticas, el sujeto aparece inmerso en relaciones más complejas, tal complejidad pareciera condenarnos a la actitud posmoderna, ya que incluso el más ferviente defensor de verdades trascendentes está atrapado en el juego de relaciones lingüísticas. El true metalero o blackmetalero, por ejemplo, a pesar de muchas veces pretender la verdad universal de sus creencias, considerarse superior por acceder al dominio del underground, deificar a sus grupos favoritos o a la esencia espiritual maligna a la cual pertenece, sabe bien también que es parte de una subcultura, entre muchas otras, y que su obstinación está motivada por su gusto particular, por su inclinación personal (aunque a veces delire y crea que Satanás lo ha conducido a Judas Priest), se sabe parte de ese complejo haz de relaciones, a pesar de constituir él mismo una constante resistencia a lo posmoderno. Y es que lo posmoderno, en su versión relativista, es, como ya dijimos, parte de esas características propias de la modernidad, y no sólo parte, sino que las marcas de la modernidad son su material reprimido, las huellas mnémicas freudianas. No está de más señalar que si la postura relativista pretende ser tomada en serio, tiene que proponerse como verdad. El Otro como garante de la verdad no desaparece, sino que se oculta bajo una forma espectral, tal forma es la que posibilita que lo múltiple sea una cara más de lo Uno. Cuando digo espectral, me refiero al fantasma, es decir, a una escena psíquica inconsciente que sirve de barrera ante lo traumático de lo real pero que al mismo tiempo lo contiene. La escena inconsciente de ser golpeado (gozado) por el Otro es el paradigma del fantasma. Pero esa escena es necesaria para tramitar lo real del goce, lo inasible del goce, dicho con todas sus letras: su carácter traumático. 

Como es mi costumbre, al dar esta gran vuelta trato de ceñir algo acerca de nuestra pregunta inicial. No les podría decir qué es el arte, los podría invitar a escudriñar en algunos libros llenos de definiciones, pero mi intención es darle un giro a la pregunta y plantear: ¿en qué sentido nos es conveniente problematizar la definición de arte? Por supuesto, 1. para no caer en relativismos tales como que una pieza de de Beethoven vale lo mismo que una de reggaetón, 2. para evitar una ideologización total del arte en la que, si pongo un bote de chiles Herdez en mi mesa llena de envases de caguama vacíos no vale nada, pero si un artista financiado la pone en un museo (en una espacio-temporalidad específica), vale millones (cualquier alusión a Andy Warhol es mera coincidencia) 3. para librarnos de una concepción etnocéntrica y jerárquica, en la que, por ejemplo, es mejor la música clásica que el rock, por ser más compleja, cromática, etc. En mi opinión, el arte tiene que ver con un acto creativo cuya particularidad es servirse de la castración del Otro (de que el Otro no existe; es decir, no existe el orden simbólico pleno, sin fracturas, sino significantes que no totalizan) y presentársela. Hay que explicar esto. El arte produce objetos que le prestan nuevos oídos, ojos, o lo que sea el caso, al espectador, poniendo en evidencia que su deseo está causado por recortes del cuerpo. Lo que me conmueve o place de una pintura no es la pintura, sino el modo singular de tapar el vacío que implica la mirada en tanto objeto de nuestra vista, pues dicho modo produce una vista provisional que capta algo de ese vacío y produce un plus: ya no es un mero goce, sino que se le supone un algo más al objeto; ese algo más que lo haría distinto de cualquier otro, pero que al mismo tiempo es inalcanzable, indescriptible. Invitar a querer que se repita, que vuelva, porque el vacío es inagotable. Dichos objetos no están enfocados para una utilidad en sí, como sería el caso de los gadgets, aunque un gadget puede obtener una dimensión artística. 

Por otro lado, la posibilidad de hacer arte está situada en la falta de un significante que complete al Otro, dicho de otro modo, en el hecho de que el orden simbólico es fallido. Esta es la razón también por la cual no hay acuerdo posible entre qué es arte y qué no lo es. El fantasma es una escena en relación al goce del Otro, una manera de tramitar, de traducir su carácter inapalabrable, traumático. El fantasma es la estructura que posibilita la sensibilidad, por lo cual la relación con nuestra sensibilidad nos es siempre ajena, por más que yo me acostumbre a que cuando me pinchan me duele a mí y a nadie más que a mí, no deja de ser extraño eso que se siente. 

Remo Bodei, siguiendo a Freud, propone pensar al arte como una “de-formación de núcleos de verdad que persuaden y conmueven más allá de cualquier principio de realidad”, un modo de salirnos de los cánones de sensibilidad y de pensamiento cotidianos. Esos núcleos de verdad estarían relacionados con el trauma, con algo que mediante la sublimación nosotros tratamos de elaborar, el ser indomeñable de la pulsión, podríamos decir. El arte se confronta con el principio de realidad, pero también con el principio de placer, va más allá de ambos, y eso nos lo muestra por un lado su relación con la locura y por otra su relación con el dolor. 

A pesar de lo dicho, yo no estaría de acuerdo con la opinión de que algo que se vuelve popular deja de ser arte, en todo caso podríamos hablar de entretenimiento artístico, porque lo hay. Pienso en algunas series de televisión, o en muchísimos videojuegos; en fin… La evidente tensión dialética entre una concepción relativista versus una concepción jerarquizante del arte muestra una base ideológica, al mismo tiempo que muestra la imposibilidad ideológica de cerrazón al Uno. El estallido de nociones conservadoras en el arte es el retorno de lo que el relativismo reprimió: el significante de la diferencia. Pero la idea de que el arte sólo puede concebido y apreciado por un grupo reducido de personas no es la diferencia sino el mantenimiento del Uno (de la identidad) bajo la forma de la exclusión. Por ello, lo importante es señalar esta tensión y ver que el Uno insiste y resiste, a manera de fantasma, en el sujeto, este último que no es Uno sino corte, ruptura, singularidad. El arte. como el BM, tiene ese estatuto espectral, como algo que está vivo en tanto muerto (el primer asesino del arte, para nosotros, sería Hegel).  

¿Se imaginan qué hubiera pensado Nietzsche de la música latinoamericana como la salsa o la cumbia? Claro que como buen europeo culto del siglo XIX, cuya idea de música dionisíaca era el Tristán e Iseo de Wagner, lo más seguro es que se hubiera vomitado al escuchar a Willi Colón. Pero ahí entra el problema, estamos acostumbrados a ver al arte con los lentes de Occidente, creemos que la música escritura, la música clásica, es LA música y esto no es del todo así. Durante muchos siglos el arte sólo servía como un medio para expresar a la divinidad, ¿cuántos resabios no han quedado de esa época? Siguiendo a Walter Benjamin, el arte (la obra) tenía un valor aurático que se ha ido convirtiendo en un valor de exhibición (comercial). El aura en la obra de arte tenía que ver con su unicidad, con una originalidad que se ha perdido a partir de la reproductibilidad técnica de la misma. En la Edad Media era un sacrilegio hacer imágenes sagradas fuera del permiso del orden eclesiástico, ahora venden estampitas de la crucificción afuera de la Basílica de Guadalupe. ¿No pasa algo similar con el BM? El satanismo vende y mucho. Lo que es asunto de artes ocultas, esotéricas, se vuelve sello de garantía de muchas bandas. No es que esté proponiendo a un regreso del arte en su sentido aurático (aunque en cierta medida sería importante retomarlo con respecto a la innovación) porque el aura en realidad no desaparece (sólo cambia de estado), sino que apuntamos a una posible deconstrucción de las vanguardias en esta era. José Luis Brea, crítico del arte y filósofo de la cultura, expresa algunos puntos para alejar a la obra de arte de su constante manipulación mercantil. Subrayo uno de sus puntos: Nunca se debe escamotear el ejercicio de la reflexión ni siquiera en el sentido puramente óptico. No vacilaremos en afirmar que en el BM vivimos la hipertrofia de lo óptico, cosa que ya les he repetido, lo cual tiene consecuencias imaginarias: se reduce el BM a un rodeo práctico para evadir la incompletud. En nuestra época dicho rodeo tiene un marcado matiz tecnológico, cuya relación con el pensamiento mágico es más que metafórica. Los aparatos tecnológicos son la magia de hoy, y esperamos de ellos el mismo funcionamiento. El utilizar la tecnología no sólo es válido, sino en ciertos casos necesario, no podemos, basándonos en concebir una naturaleza primitiva del BM, argüir la retirada a las cavernas. 

El problema de la tecnología, por otro lado, reside en que permite con mayor facilidad la producción en masa de los objetos, con lo cual la moda se convierte en un factor indisociable. Por esta razón es que he reiterado con ahínco que de lo que se trata es de innovar, con todas las limitantes que esa palabra, haciéndole justicia, conlleva. La originalidad es familiar de la moda y de la copia, llega a decir Benjamin. Lo cual no significa resignarse si no es únicamente en el sentido de re – signarse, volver a ponerse un signo, hacer un sello diferente. La tarea ciertamente no es sencilla, y en todo momento la gente encontrará deficiencias para sostener sus oprobios, mas no por ello resulta ilegítimo el intento de marcar la diferencia. Aunque la habilidad del Uno (de la masa, digamos) se encuentra en incorporar la diferencia como parte de su mismidad. Habría que tener cuidado con esto. 

Retomando el rumbo: es posible pensar que el BM sea arte en tanto es música, pues a pesar de poder existir un plano pictórico o poético del BM, sin música pierde su particularidad y puede ser cualquier otra cosa. No obstante –y quiero subrayar lo siguiente- de eso no se sigue que la música sea el factor del que dependa la creación del BM, como bien nos lo muestran nuestros amiguitos del “black” metal cristiano. Nietzsche dice que “el lirismo es tan absolutamente dependiente del espíritu de la música misma, en su plena libertad como la música misma es independiente de la imagen y de la idea, no tiene “necesidad” de ellas, las “tolera no más, al lado de ella”. Nietzsche va a privilegiar a la música, como el arte dionisiaco por excelencia, cuyo sentido más profundo no nos es accesible por medio del lenguaje. Parafraseando su texto, la música sería algo así como el eco del dolor primordial, dolor relacionado, en la ontología nietzscheana, con la disolusión del Uno en la multiplicidad que llamamos realidad. La influencia que tuvo sobre Freud es notoria. En tono nietzscheano, la única manera de acceder a ese sentido profundo de la música, es embriagándonos en ella, viviendo la experiencia estética. Ahora bien, aceptamos la propuesta nietzscheana de la música, pero le daremos un cierto giro: ¿por qué el lenguaje no permite alcanzar el sentido último de la música? Porque no hay tal, porque ese sentido último no es más que el puro vacío. Lo real en sentido lacaniano, lo inefable de la música tendría más relación con los silencios que con las melodías. La música funciona como un significante sobre el cual pueden recaer diversos sentidos, como nuevamente nos lo muestra el black metal cristiano. 

Es por esta razón que para pensar el BM, tendríamos que invertir una parte de la fórmula de Nietzsche. El BM, en tanto música, es dependiente de la imagen y de la idea; aunque, ojo, estos términos en el contexto del texto aluden al plano de lo simbólico, digamos, del lenguaje. Las letras le dan consistencia al BM, incluso, nos atreveríamos a afirmar: la música del BM es la expresión simbólica de pensamientos, y sólo se piensa con palabras. A veces una melodía puede sonar a cualquier otro género, pero la voz remite a su procedencia, al BM, por supuesto. En ocasiones escuchamos algo que nos hace pensar que eso debería ser considerado black aunque musicalmente, digamos, sea una sinfonía. 

¿Qué tipo de pensamientos? Si hago una lista, por ejemplo: maldad, obscuridad, destrucción, odio, caeríamos en esencialismos. Pero ¿es posible exiliar al BM cristiano sin caer en esencialismos? Mi primer intento de respuesta fue postular al Otro como lugar simbólico, como institución que daría cuenta de ciertas imposibilidades, que serían vistas como absurdos, v. g. el bm cumbia. Pero ¿cómo se instituyó ese Otro? Si decimos que se instituyó en un cierto momento de origen del BM, caemos en un historicismo que lo único que logra es producir en masa personas con discursos como “el bm no es lo de antes, todos hoy son posers”, en un gesto de nostalgia romántica. Así que manejé al bm cristiano como una suerte de sombra dialéctica, que en todo momento acontece como el no-ser del BM. Ambas respuestas se complementan; sin embargo, aún no se daría respuesta al por qué dar por hecho que el cristianismo es el enemigo del BM. Cayendo en esencialismos es muy fácil dar respuesta a eso, pero al mismo tiempo cae en contradicciones, porque cualquier elemento esencial, cualquier representación simbólica en el BM; por ejemplo, la maldad, puede estar presente (e incluso más marcada) en el cristiano. Incluso si decimos que la esencia del BM es el anti-cristianismo, tendríamos que decir por qué:

El espíritu del BM es aquel que le daría posibilidad a la música, y él, en tanto tal, no está ni en el origen ni en un supuesto final, sino que vagabundea, merodea errante, ajeno a una espacio-temporalidad delimitada. Su marca es la subversión, la oposición ante ese Dios que pretendía universalizarse (y no lo ha logrado menos), el espíritu del BM es pues, una afirmación subjetiva. Sin embargo, no por perder su carácter explícitamente subversivo, el BM ha de perder su espíritu: se encuentra en algún lado, sin descansar, tratando de proclamarse, incluso a veces viéndose a sí mismo con desagrado en la penosa reproducción mimética (como miles de bandas hoy). El bm cristiano no es parte del espíritu del BM en tanto este último se define justamente por su constante reticencia a lo universal, y aunque hoy en día el BM haya tomado también la forma de una borregada, diremos que su espíritu sigue realizando sístole y diástole, aunque desgraciadamente no todos los que hacen BM hoy se detengan a oír sus latidos. Pero como no quiero ser del todo radical, propondré que, acaso el único bm cristiano que pudiese considerarse bm sea aquel que ve en la cruz la muerte de Dios. 





Concebir a la música como “lengua universal”, como le llama Schopenhauer, el “idioma de los dioses” como le llama el rapero Nach, es algo que apunta a encontrar en ella algo tan abstracto pero tan concreto a la vez, el arte para la sensibilidad más pura, limpia del terreno conceptual, la expresión de la esencia del mundo (por supuesto que no en todos los casos se da esto), de cuyo encanto, empero, nosotros nos reservaremos por el simple hecho de que no es nuestra intención superar Babel, no por sumisión a la voluntad de Dios (cuyo rasgo muestra fehacientemente su incompletud), sino por el hecho de que ese mito expresa al caos tácito en el lenguaje. Sin embargo, no reconocer que evidentemente hay algo en la música que la hace diferente a las demás artes sería padecer sordera. Pero no se trata de la música entendida en un sentido tan místico del que, a mayor o menor grado, muchos no logran deslindarse, sino que la música al estar vinculada al oído, es el arte más cercano a la voz en tanto objeto a; es decir, en tanto recorte del cuerpo, aquello que se nos escapa, por ejemplo, en un grito de angustia mudo. La música, como diría Jacques Allain Miller, es lo que hacemos para acallar la voz en tanto objeto a, pero por este mismo motivo, se encuentran en una relación de tal estrechez que a veces sentimos en la música la invitación a la total fragmentación del ser. 

Podemos entender al BM como un arte en tanto nos permite quebrantar los frágiles espejos de la realidad consensuada, razón por la cual a los ajenos al mismo les parece un férreo atentado a la imagen social, incluso algunos le ven como una extensión de una etapa adolescente, de conflictos no superados, como bien lo refleja la película noruega “Metalhead”, que si bien es una caricaturización, no se aparta demasiado de la realidad, por eso les he insistido tanto en escindirnos del metalhead, del blacker, etc. No obstante, esa película refleja algo: que vivir en sociedad, de manera funcional, siempre implica pasar por el duelo de una pérdida. 



El BM es como un arte proveniente del envenenamiento de las musas por la palabra y el vacío. Las palabras muertas que constituyen el templo de su no-lugar, donde se realiza la apología a la muerte. Fabricamos musicalmente el vacío del cual surgirá ese grito tan singular, cuya omisión total no es otra que una aséptica despedida del terreno del BM. El grito en la música BM es esa parte que expresa su procedencia, lo horrible y tragicómico de la existencia, el sin-sentido, el rompimiento con los ideales, algunos lo harán más, otros lo harán menos, y otros simplemente destruirán el grito y emitirán un soliloquio de lloriqueos. Si lo dicho se entiende cada vez menos en la voz del BM, si no importa no tener ni puta idea de lo que la letra está diciendo, pero aun así algo se transmite, aun así algo toca nuestra sensibilidad identificándonos con esa locura vocal, es porque la comunión no es con una ideología (aunque pueda ser el caso) sino con las palabras muertas, con el vacío, con el veneno mediante el cual se sacrificarán a las musas, con las cenizas de un arte que ha ardido a lo Bonzo, como manera de hacerse un nombre.

-Chaoswolf 23/04/2015

domingo, 14 de diciembre de 2014

Chaoswolf interview by Raw War Zine


This is a upcoming interview by Raw War Zine (Sweden) (2014). 


1.Hails!

As Chaoswolf has now been active in 7 years how do you feel about all that time & experience
looking back? 


I feel good. Also I feel distant from myself, because some things has changed, I'm not completly the same guy, so my music. I have been through many stages, not in a development sense but in a structural one. 


2.Can you tell something about your first release the demo 
"Lycanthropic Passages and Mystic Blackness"? How was it to create this first stuff?


This first demo was recorded with Berserker (Calvarium Funestus) playing session guitar and drums. It was "ambient" BM, or something like that, consolidating my own name, Chaoswolf. This demo talks about the transformation into werewolf. 


3.Then after your second demo you released your first split "Trinity of Wolfen Funeral Void".
Which bands did you accompany you on it and how do you feel about the release?


One thing I can take from that split is my "dead wolves" artwork´s idea. By the way, the artwork was made by Alemsahim (Konkeror ov Forgotten). Some people misunderstood my "dead wolves" as a suicidal and anti-lycan topic. Nothing more stupid. I'm not in favor of suicide, for the simple reason that i don't care if life or the world have meaning or not. I'm following Albert Camus here, his notion of "absurd" is useful. The name of E. Cioran come to my mind as a good example of someone who overcomes suicide, thinking it as something beyond death. For him, in some way, life and death are both nonsenseless. Anyway, my dead wolves are also dead nature, you know, what i can call -following Freud- death drive. Death drive is a much more complex concept, not just a tendecy to physical dead, wich is the common and poor interpretation. If death drive have us, then, we are banished from nature. That's why the wolf appears here as a phantom of that primordial dead. 

4.How was the year 2010 for you? As i see from your release list that this year is empty...
I don't remember, i could had been doing something terrifing, something clever or something stupid, who knows? Sometimes I take a rest from recording, but, i will make music until my last day, that's for sure. 

5.How would you describe your beliefs and your lyrical themes that runs through your songs?

My beliefs are mutable, so my songs. My first lyrics used to talk about classic BM themes, you know, lycanthropy with satanic principles, spiced with magical thinking; feelings associated with the negative side, very stereotypical mind, in fact. But was a good style. Then my lyrics started to focus on personal things, especially my dreams. Later, the lyrics went to a some kind of tribute to insanity, i. e. the loss of meaning. Today, my lyrics take elements from -my own- psychoanalysis, philosophy and more stuff, to create what i call the subversion of BM, or the fall of the idols. I try to recover Black Metal from that empire of images in wich actually have turned it. I'm atheist, but a different kind of atheist, because i admit that our psyche is fractured, so we are believers in someway, but this is a posibility to play with the ghosts of the gods, even that god called Karl Marx. I'm against illusions wich provides identity, alone in the desert like a lost wolf. My definition of Satan is the radical void wich cannot be filled with prayers or symbols. Satan, for me, is not a real entity -i'm not doing theology here- but either a symbol of light and wisdom. That's why i prefer use the name "Satan" than "Lucifer", don't caring its ethnical root, but the etimological one. 

6.How was it to work on second split "Wolf Spirits from Archaic Sepulchrals" and the 
compilation "Eight Howls of Chaos" that also got out in 2011 is it compiling the first 3 demos?


I consider "Eight Howls of Chaos" as my first album. It contains many unreleased songs. It's a very obscure album, you would enjoy it. The split "wolf spirit" also contains unreleased songs, both productions are aviable at Runenstein Records.


7.Please describe The first full album "The Fall of the Idols" (2013), what is the
symbolism of the cryptic cover?


The Fall of the Idols is my definition of BM, and also a critique. I'm trying to build another way to think BM, far from the most of the bands concibe it. It's a hard work, because people don't want to think, people want to see performance, image, they want hyperreality, so, Chaoswolf is not very welcome in the BM paradise, and that's good, that means that i'm on the right way. BM paradise is the ironic name that i give to the blacker-lambs, people who doesn't think anything at all, who are completly talked through the other. As you can see, my album-cover is not something drawn for carrying on a t-shirt, because its meaningless. The entity wich appears in that cover cannot find its reflection on the mirror, it only finds the words: "we don't know that we know", and what is that? The unconscious; also that Satan is dead. Sorry for being rude here, but we have to assume that death to create a new table of values, like Nietzsche said. 

8.How is it to live in Veracruz as a regular citizen and how does people react to your black
metal "life"? 


I actually live in Mexico city, but i often go to Veracruz, Mexico City is a surreal place, very interesting. Well, I don't have a Black Metal life, in fact I don't believe BM life does exist further than an imaginary thing. I go to the beach, I like to drink beer in hot weather, I dance in carnival, I'm a funny guy and I'm not a pretender. I enjoy creating BM, but being honest i really dislike the most blackers i've met. 

9.How does the rest of this year look like for you?

I'm finishin my new album, you can listen the previews on youtube, called "Orgasmortem" and "Discurrir un cáncer del ser". I hope all of you can get this new insane CD. 


10.Thanks for your answers! 
Last howl is yours!

I really apreciate your interest on Chaoswolf, thanks! And those who want to read me, you can find my texts at www.blackmetal-ideologia.blogspot.com, i will translate them to english soon. Keep in contact at www.facebook.com/ChaoswolfSitioOficial, i'm sure that my howls will arrive to the right ears. Thank you all.

jueves, 14 de agosto de 2014

La pragmática del BM pensada a través de la imagen y la estética. Por una producción de sujeto.




Partir de los postulados fundamentales, aquellos que nos invitan a esa labor idílica en potencia que es pensar la música y su respectiva inmixión con el significante, nos habilita decir que esto es un género y es un género que dice algo muy singular: "no es un juego", dice la vox populi, y está repleta de razón. Sabiendo bien que nuestro sonido para nada representa algo canoro para quienes no han entendido que la mayor seriedad se encuentra plasmada justamente en un niño que juega. Nietzsche definió la madurez a partir de ese ejemplo. Acaso un juego que le sería adecuado al BM sea aquel que en psicoanálisis llamamos el Fort-Da, algo traducible por "lejos-aquí". Un niño de temprana edad, 18 meses aproximadamente, tiraba un carretel mientras pronunciaba el fonema "o-o-o-o", y cuando mediante una cuerda lo traía de vuelta  con un amistoso "a-a-a-a" ("aquí está"), Freud localizó en este par de fonemas el movimiento de la presencia y la ausencia que el niño estaba escenificando lúdicamente y que luego Lacan leerá como constituyente de la subjetividad. Pero lo imprescindible de esa alternancia es, como se verá, el carrete; dígase: el objeto que no hace otra cosa que poner allí el eclipse del cual el sujeto es víctima gracias al registro del significante, significante que es nada menos que la marca de una ausencia. Si nosotros nos ponemos en un espejo y representamos el "Fort-Da" con nuestro propio reflejo, podríamos entender que eso denominado por muchos como imperio de la imagen es justamente no querer soltar el carretel: porque el Fort-Da no es un juego cualquiera, es un juego que va más allá de la obtención de placer. 


Si el BM es un género cuya legitimidad, ley pública de pura pazguatería, se encuentra subordinada en una metafísica de la presencia (el ser true, el tener la actitud, el actuar conforme a ello), es porque la ausencia se encuentra impugnándole desde las sombras, mostrando que el no-ser, modalidad de la falta-en-ser, es el pivote de aquel ensamblaje de condecoraciones yoicas. No obstante a nivel subjetivo, entiéndase por ello inconsciente, el yo es apenas un intento fallido de respuesta hacia la pregunta por el deseo del Otro, ¿qué demonios -y uso deliberadamente la expresión- quiere el Otro, más allá de la evidencia de sus peticiones, de mí? Lo cual conlleva: si el Otro algo quiere es porque algo le falta, ergo: ¿podría ser acaso yo eso que le complete? Esa imagen completa, de fusión absoluta con el Otro es el yo ideal. El Otro va poniendo los señuelos en el camino, a los cuales llamamos ideales; "sé esto, haz el otro, sostén ciertos principios": nuestra voluntad es sólo un tenue eco -si bien con el exalto que le es propio- de aquella mirada y voz del Otro. No por nada el mismo Crowley en el sentido que manejaba el concepto de voluntad no pudo separarlo de un hálito divino. 


Es a través de la alteridad radical, cuyo elemento por excelencia es aquello que es pura diferencia, a saber, el significante, que la dialéctica de la ausencia/presencia va a tomar lugar en el corazón de un monstruo humano para su advenimiento en sujeto. El sujeto no es Pedro o Juan, no es el blacker, el mexicano o el ingeniero, es una causa y un efecto a la vez, una condición y lo que surge a partir de ella: una nada que carga consigo su posibilidad de ser -a posteriori, para no confundirnos demasiado con Sartre-. 


El blacker entonces sólo puede ser pesquisado en tanto no existe como existiría un metalero, un gótico o un punk. El sentido de identidad a través de la música es algo que el BM subvierte desde el momento en que expresa lo que algunos llaman la maldad, aunque yo preferiría llamarle la oscuridad, de tal suerte que en algún punto habrá de contrastar con la luz que es al mismo tiempo su condición de existencia, haciendo entender, a algunos pocos, es cierto, que el BM es un alejamiento del ser, un salto al abismo. Pero eso no quiere decir que no se pueda o no se deba ser auténtico, ¿qué sería aquello que le conferiría de esa posibilidad? La verdad. Pero dicha no es una tautología, es más bien algo que se encuentra causando, no es relativa como lo querría la cobardía argumental, pensémosla más bien como un lugar... ¿el abismo quizá? Podría ser una figuración de mucho recato, pues es la superficie quien dimensiona la profundidad y no al revés.

Si las letras de una banda hablan de genocidio, crueldad, y tú le exiges a esa banda que para ser auténtica tiene que llevar todo eso a la práctica; por ejemplo, ser un soldado estadounidense en Irak (sólo que en vez en de violentar en nombre de la Paz, hazlo en nombre de Satanás), opino que allí te encuentras soñando despierto. No porque el sueño sea falsedad, ni porque sea imposible realmente ser un terrorista (tampoco porque sea ilícito, sino porque montas un escenario de cumplimiento de deseo en el cual el BM es pleno en su imagen, está vestido con el ropaje adecuado, exactamente del mismo modo en que uno le exige a Photoshop que la foto retocada no tenga atisbo de error. Porque la aclamada facticidad dentro del BM, ignora, parafraseando un poco a Lacan cuando habla con respecto al conductismo, las condiciones de sentido que nos dan los hechos por tales. Dicho de otra manera: los hechos son sólo hechos en tanto simbólicos; por lo cual sólo importan mientras estén originando un autor de su decir. Cuando un hecho, pedido por la glotonería de la imagen, pasa a ser acontecimiento, es porque una verdad está ocasionando una ruptura, un suceso irrepetible y no un casting de telenovela para ver quién es el blacker de la escena. 


El sueño en su naturaleza es parte del registro de aquello que llamamos lo no realizado, definición que anuncia el carácter pre-ontológico del inconsciente. El inconsciente, estructurado como un lenguaje, pensado por el momento como región -aunque formalmente es más una cualidad- es aquel constituido por elementos que no llegaron a ser, cuya resonancia se encuentra en síntomas, actos fallidos, sueños. La palabra es el campo en el cual podrá ser producido ese sujeto obliterado por su ego/yo, ese sujeto del inconsciente, por lo cual ella es el acto por excelencia, es performativa cuando se trata de dirigir la atención a la verdad que nos causa y/o producir un saber no sabido sobre la misma, con la indisociable responsabilidad que ambas cosas conllevan. Las conductas son altisonantes, y claro que en el BM se degusta el ruido; de hecho no falta quien así se refiere a tu música, "está chingón tu ruido /m/", inclinación común de pensar que los actos valen más que mil palabras, refrán cuya verdad no se niega pero sí se disiente acerca de su ser-toda: hay actos totalmente vacíos y palabras plenas que fecundan la sensibilidad más infértil. No sorprenderá a nadie la aseveración obvia de que cualquiera que considere los actos más fuertes que las palabra está obedeciendo a palabras acerca de la calidad que el acto transmite de poder decir algo. Los actos reales son palabras imposibles (pensemos en la angustia), no modos imaginarios de plasmar cosas dichas. Lo real y lo imposible aparecen nuevamente aquí en copulación. 


¿El BM es una acto real? ¿La quema de iglesias, los asesinatos, la creación del nuevo estilo musical, son actos reales? Si situamos a lo inconsciente en el horizonte de los acontecimientos, diremos que sí, que el BM supera una fantochería imaginaria, aunque también la abarca. ¿Cómo saber si algo es un acto real o simplemente una simulación? Ya que la respuesta no puede ser cazada por medio de las palabras dichas o no dichas, pues uno puede hablar su angustia en acto sin que le sea imposible decir "estoy angustiado", nos enfocaremos en los efectos del acto: si esos actos sitúan algo de lo impredecible, pues rompen con una linealidad causal, y entonces aparece que aunque motivos pudo haber muchos, uno no sabía que en realidad estaba siendo causado por una verdad, es ahí donde se puede llegar a demostrar si un acto sólo era un ensayo de una obra narcisista o advenimiento de una respuesta subjetiva; puede ser silenciosa o ruidosa, dependiendo de qué tan sordo se esté. Pues a veces se cree hablar muy fuerte y el Otro está demasiado sordo para escuchar, pero ¿quién tiene que gritar cuando su oído está en condiciones de escucharse a sí mismo? A veces el silencio es ruido para el Otro, puede ser un grito petrificado como aquella famosa pintura noruega; como sea el caso, la importancia del acto no puede ser pensada en términos acústicos, sino en términos de dirección de consecuencias, en las cuales un sujeto se asume no como aquello que es, ni que será, sino que habrá sido; el sujeto ya sucedió, pero eso sólo se puede saber a partir de que en su suceder, se construya... 


Palabras que son actos, actos que surgen en los límites de la palabra, pues la palabra es su propio límite, al el estar siempre dirigida, está despojada de cualquier autonomía. Decía un poeta, "las palabras son mitad de quien las dice, y mitad de quien las escucha", inluso si hablamos solos. El acto real, en cambio, es sólo del sujeto... el Otro no llegó a la cita, por lo cual, nada que ver tiene con un yo que se alimentan en su creencia de que hace más de lo que dice. 


El BM es, efectivamente, un movimiento estético, pero no necesariamente basado en la belleza, y entendamos aquí belleza en el sentido artístico: la imagen actual de bandas como Enthroned, Watain, Urgehal, etc. es bella en ese sentido, mientras que Woods of Infinity es más del orden de lo grotesco, Lutomysl de lo aséptico o Immortal de la caricatura, últimos ejemplos que en mi opinión hacen de la imagen algo más que una especie de sello de garantía de producción musical y de apego ideológico a las letras profesadas; rompen de cierto modo con el sentido. Parece exagerado hacer una comparación entre el BM y la belleza, porque cualquiera pensaría que la esencia del BM está, por el contrario, en ser monstruoso, maligno; sin embargo, la apreciación estética de la belleza, en tanto idea, corresponde al sujeto (no exactamente al sujeto del psicoanálisis que es el cual reiteradamente tratamos de esbozar), y no es algo de lo cual se pueda hacer conocimiento en el sentido clásico filosófico/epistemológico (creencia verdadera justificada). Esto quiere decir que la belleza es una fantasmagoría suscitada por determinados objetos socialmente estipulados que se sirven de la inclinación humana por aquello que es armónico, ordenado y simétrico, como se puede ver en algunos -y sólo en algunos- aspectos de la naturaleza. 


Las categorías estéticas no son fijas, sino que varían dependiendo la sensibilidad de su contexto, y digámoslo así, de la ideología que lo permea. Por eso en el BM lo feo puede pasar a ser bello, en el sentido clásico de lo "bien hecho" -y por ende socialmente aceptable-, digno medidor de la ridiculez y comicidad de quienes no se adecuen a sus cánones. 
La fealdad -tanto musical como en imágenes (grabación del celular e imágenes acartonadas al estilo de tapes antiguos)- pasa a ser exigida, igual que la belleza (las congruentes formas de los símbolos ocultos, por ejemplo), como garantías de una praxis en el BM, y por supuesto que no tendrían que serlo menos. La experiencia de la fealdad es inmediatamente accesible para alguien que no tiene relación alguna con el BM y se le somete a escuchar un par de canciones. Pero para alguien que conoce muy bien de qué se trata, podrá experimentar la perfección tanto en una pieza bien elaborada de Wolves in the Throne Room, como en una desafinada y tosca pieza de Torgeist. Sin embargo, que el BM ocasione sensaciones negativas a gente ajena a él no dice nada acerca de su complejidad estética; en cambio si lo hiciera dentro de sí mismo nos permitiría alejarnos de los estrechos marcos de la belleza. 


Por ello habría que preguntar, ¿dónde queda lo cómico? ¿Dónde queda lo grotesco? ¿Dónde queda lo trágico? Y qué decir de lo sublime, que no reduciríamos jamás a los paisajes de portadas "post-black", sino que localizaríamos en la experiencia propia de la angustia...
El asunto con la fealdad es un poco más claro: La fealdad y la belleza hoy coexisten en el BM demasiado despreocupadas, porque lo que importa no es tanto la sensibilidad, sino el dictamen ideológico. Esto nos explica por qué el criterio es algo tan evanescente en este medio. 
Tanto lo trágico, lo sublime, lo grotesco y lo cómico son categorías que, con sus respectivas diferencias, apuntan a la extrañeza con el ser, al sin-sentido de la existencia, a la ruptura con los lentes con los que generalmente miramos el mundo; la fealdad y la belleza son la dualidad estética que se encuentra en la base, pero que si se redujese a esta, tendremos lo que abunda: grupos que sólo se preocupasen en parecerse lo más que se pueda a quienes tienen entre los miles de posters enmarcados en una sensibilidad enajenada, siendo la música un medio imitativo más para lograr esa identidad plena, y nunca el medio universal para afirmar una singularidad vacía que se construyese a sí misma con el material que la apropiación de su historia brindase. 

Por ello la sensibilidad tendría que re-encontrarse con la estructura que la posibilita, pues eso significa también, entre otras cosas, dejarnos de la estupidez reiterada de creer que una banda es más true por cómo se mira en el espejo.


¿Cuántas veces Chaoswolf no ha roto espejos? Pero si ya están rotos, ¿cómo hacérselos notar?

La estética no es el lugar en donde te puedes cortar el cabello, la estética es la filosofía que se encarga de estudiar la experiencia sensible y la interpretación que los sujetos dan a ella, como también la palabra apunta al adjetivo para señalar dicha experiencia. El cómo organizamos una experiencia subjetiva en torno a imágenes en un determinado contexto, esa unidad inseparable, es el punto de mira. El asunto es que el concepto de imagen varía mucho dependiendo desde dónde se le trabaje; no obstante podemos coincidir aquí en que la imagen no se reduce al ojo, a la fotografía, a lo visual. Lamentablemente, se le llama escena al conjunto de elementos interactuando y dándole lugar al BM. Acaso eso haga notoria la importancia que se le da a la mirada, a tal grado que uno podría homologar la escena a una página de facebook con muchas, muchas fotos. La imagen para nosotros es de otro orden, la definimos como aquello que puede ser significante pero no ha llegado a serlo, pues se encuentra en otro registro, el de lo imaginario, justamente, el cual funciona como articulador de lo simbólico con lo real en su imposibilidad, pues permite tapar los agujeros dejados por el significante en su incidencia sobre lo real. La música está plagada de imágenes, lo cual nos impide ver su condición significante. Que el BM sea un género estético es sin temor a redundar, puesto que no lo digo porque la estética esté presente en todos campos de la vida -afirmación cuya discusión no abordaremos aquí- sino porque nos ayuda localizar el punto en el que la imagen se ha venido constituyendo como su valor. En ese plano estético es que localizamos el auge de la imagen visual y su repercusión recíproca con la psicología del BM-escucha, pues la imagen que tratan de dar siempre está en función de coordenadas muy demarcadas gracias a las cuales. paradójicamente, la subversión se hace posible.

En lo personal, tomo más en serio a Abbath en sus muecas y su etílica irreverencia, o a Peste Noire haciendo sonidos vocales que rayan en la parodia, que a bandas que pregonan seriedad y atavian su imagen visual con adornos de todo tipo. Y no es que prestarle atención a la imagen visual sea un rasgo negativo, sino que es un problema cuando parece estar determinando la reacción de los BM-escuchas ante la música y la transmisión que dicha conlleva, ignorando en ocasiones que lo que importa en el BM es que algo se impregne, de modo pestilente quizá, en el cadáver que llevamos puesto al ser historia, nuestra historia; no se trata tanto de coincidir ideológicamente con la banda en cuestión sino que algo coincida en su propia forma suspendiendo momentáneamente los contenidos, pero para ello la vía de la imagen no es la vía por excelencia, ya que en general sólo proyecta en los espectadores -de manera inconsciente en numerosos casos - aquello que está apto en los lineamientos estéticos del BM, sin preguntarse el porqué de dichas coordenadas, la finalidad que puedan tener, sus posibilidades y lo más importante: ¿cuál es el decir de la banda? En una imagen algo está dicho, pero el decir que le sostiene (o si me permiten: el de-ser) es la clave por la cual una banda es BM y no otra cosa. El decir está en el sujeto, sujeto que no es imagen, sino diferencia.



-Chaoswolf